jueves, 17 de julio de 2014

Para pensar antes del tiempo de vacaciones...

Se acercan las tan esperadas vacaciones de invierno! 
Compartimos un artículo publicado el fin de semana pasado en el diario La Nación, de la Lic. Maritchu Seitún, quien en distintas oportunidades brindó charlas en el colegio.
¡Que sea para todos tiempo de descanso y disfrute!


Hay otra forma de pasarla bien
Opinión
Por   | Para LA NACION
Llegaron las vacaciones y podemos reflexionar sobre la forma en que nuestros chicos van a pasar estas dos semanas de descanso.
Una vez resuelto lo administrativo (quién los cuida, quién los lleva cuando los invitan, qué comen, etc.), aparece un segundo tema que crece año tras año: los chicos exigen programas todos los días y los padres cedemos ante esa presión, por varias razones: nos cuesta quedarnos en casa y entretenerlos o invitarlos a divertirse, vemos que pasan el tiempo entre la TV y la PC, no queremos verlos sufrir ni que se sientan "menos" que sus amigos?
No nos cuestionamos si lo que hacemos durante las vacaciones es razonable, y ni siquiera nos planteamos la posibilidad de ofrecerles vacaciones distintas, con pocas salidas y estar más en casa disfrutando los horarios flexibles, los tiempos relajados, cocinando una torta para el té, jugando al supermercado, armando collages o avioncitos de madera balsa, leyendo, charlando, yendo a la plaza o andando en bici. A todos nos cuesta quedarnos sin hacer nada. Olvidamos que existe el ocio y que el ocio es, o puede ser, creativo. Pero para eso hay que darles tiempo y oportunidad.
Los diarios, la tele, los amigos, la sociedad en general proponen dos semanas casi frenéticas y los chicos apenas se despiertan ya preguntan: "¿Hoy qué hacemos?", "adónde vamos?". Y las vacaciones de las madres empiezan el lunes, cuando se terminan las de invierno; algo parecido ocurre durante las clases, cuando a veces los padres preferimos la semana a ese fin de semana en el que no paramos de llevar, traer organizar, comprar...
Hace unos años, la epidemia de gripe A cambió el panorama, porque obligó a todos a quedarse en casa, a hacer pocos programas. ¿Qué pasó? Los chicos jugaron con sus hermanos (descubrieron que era posible y hasta divertido), invitaron a los amigos de a uno, inventaron cosas para entretenerse, hicieron programas al aire libre (la mayoría de las veces, gratuitos) y lo pasaron muy bien. Lo más impactante fue, por primera vez en años, escuchar a muchas madres decir: "¡Qué lástima que se acabaron las vacaciones!", en lugar de "¡por fin se acabaron!".
¿Cuál fue la diferencia? No se podían hacer muchas cosas y las madres no necesitaban decir "no me parece" o "no te dejo, aunque otros vayan"; todas decían "no se puede" y los chicos se conformaban. Las pautas eran claras. El resultado fue vacaciones tranquilas, verdadero descanso para todos, poco estrés? ¡y ganas de volver al colegio!
Qué bueno sería que los padres recordemos esa experiencia y que podamos, a la luz de esos resultados, animarnos a decir un poco más que no y acompañar a nuestros hijos a "aburrirse", aunque sólo sea de a ratos, en estas próximas vacaciones; que tengamos un nuevo criterio (en realidad viejo, ya que las vacaciones de invierno de mi infancia transcurrían en la vereda de mi casa y no mucho más) que nos ayude a hacerlo sin miedo de que nuestros hijos dejen de querernos o queden irremediablemente aislados de su grupo de amigos.
Cuando las pautas son claras, los chicos las aceptan. ¡Y ahora sí! A planear estas vacaciones de forma que ni padres ni chicos necesitemos vacaciones de las vacaciones.

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